El autor

Mi nombre es Angel C. Correa. Soy abogado chileno radicado en los Estados Unidos. 

La existencia del blog «¿Jesús o Pilato?» viene a ser como un reflejo de algunas de mis experiencias de vida relacionadas directamente con el tema y los propósitos que lo definen. Me explico.

Siendo estudiante universitario, me incorporé a la vida política de Chile como militante del Partido Demócrata Cristiano, que se definía como “de inspiración cristiana, no confesional“, y cuyos ideales doctrinarios tenían como fuentes principales la Doctrina Social de la Iglesia y el «humanismo cristiano» del gran filósofo tomista francés Jacques Maritain. Allí encontré un clima juvenil apasionante, al que me integré con el mayor entusiasmo y entrega personal durante las dos décadas siguientes. Debo destacar que, como por esos años tuvo lugar el Concilio Vaticano II, mi activismo político se vio influenciado por lo que se entendía como un «cambio de rumbo» de la Iglesia Católica, que se manifestaba en una especie de «liberación» de su rigidez dogmática y litúrgica, lo que, en mi caso, se tradujo en una reafirmación de lo que, de hecho, me estaba sucediendo: el remplazo a mi «catolicismo» por mi «social-cristianismo».

Más adelante, luego del derrocamiento del gobierno de Salvador Allende por el golpe de Estado del general Augusto Pinochet, la gravísima crisis económica del momento me obligó a emigrar (legalmente), a los Estados Unidos con mi numerosa familia, mi esposa, 4 hijos y dos familiares, en busca de una estabilidad mínima que nos permitiese subsistir. Así fue como en nuestra nueva condición de inmigrantes, subordinados ante todo al trabajo duro que nos imponía, me vi enfrentado a una nueva realidad espiritual: como mi visión ‘política cristiana’ no tenía aplicación práctica alguna en los EE.UU. me transformé, de hecho, en un «agnóstico» de aquellos que, según Etienne Gilson, “no hacen daño a nadie, excepto a sí mismos,  ya que, así como no tienen Dios, tampoco tienen dioses”.

Sin embargo, a fines de los 90, gracias al correo electrónico, pude restablecer contactos personales y políticos con Chile, los que, a su vez, abrieron la posibilidad de un «reencuentro» con mi pasado demócrata cristiano. Mas, luego de algunos intentos plagados de argumentaciones y contra-argumentaciones, llegué al convencimiento de que ese era un proyecto imposible, simplemente porque el partido se había  transformado, de ser un partido “doctrinario“, en un partido “programático” subordinado a la ‘ciencia política‘ y a la ‘sociología‘ y, por ende, centrado exclusivamente en la acción y en el ejercicio del ‘poder‘.

Aceptada esa realidad, mi «reencuentro» con el Maritain de mi juventud, así como el encuentro con el Maritain «metafísico», desconocido para mi hasta entonces, me llevaron a intentar un pequeño proyecto de “difusión doctrinaria” por medio de algunos artículos a publicar en la versión electrónica de la revista ‘Política y Espíritu‘, de larga tradición en el partido. A poco andar y por circunstancias inesperadas, me encontré en la condición de «editor online» de la revista, desde fines del 2003 hasta comienzos del 2005, experiencia que me indujo a crear un ‘sitio web‘, vigente en la actualidad, de difusión del pensamiento de Jacques Maritain.

Todo este proceso de clarificación de ideas contribuyó a crear el clima de reflexión interior que, en definitiva, hizo posible mi «reencuentro» con la fe católica a fines del 2005. Llegado a este punto, me ha sido posible apreciar la importancia crucial de la “inteligencia de la fe“, como condición necesaria de la conducta política de los católicos, tema que espero pueda ser analizado a fondo en este sitio.

Por último, dejo constancia de mis mayores agradecimientos al Dr. Carlos Daniel Lasa, destacado filósofo y catedrático argentino, cuya intervención providencial ha venido a significar, por decirlo así, el «empujón final» para incorporarme, desde mi modesta perspectiva ‘práctica‘, al gran desafío católico de nuestro tiempo en defensa de la «Verdad».

Agradezco de antemano la participación constructiva de todos los que tienen interés en el tema.