Juan Pablo II y las ideologías del mal

El concepto de «ideologías del mal» lo usó Juan Pablo II, en su libro ‘Memoria e Identidad‘, para caracterizar los grandes males de nuestro tiempo, como el «nazismo» y el «comunismo» que él mismo había experimentado directamente en Polonia. Y, del mismo modo, lo usó también en referencia a las ideologías que hoy destruyen la «vida» y la «familia» con total desprecio de la «naturaleza humana».

 

A no dudarlo, éste es el mayor problema que enfrenta la Iglesia en la actualidad. De allí que, en razón de su largo Pontificado, San Juan Pablo II haya tenido la oportunidad de contribuir ampliamente a definir los parámetros – tanto en los términos «magisteriales» de sus grandes encíclicas y demás documentos pontificios, como «no magisteriales», cual es el caso del documento aquí presentado –, para guiar a los católicos y a los hombres de buena voluntad a enfrentar tal problema, sin claudicaciones, con las armas de la fe y de la razón. El texto completo del documente se ofrece para descarga PDF al final de esta presentación.

En este escrito, nuestro interés se centra en la preocupación del Papa por dilucidar la «naturaleza filosófica» del problema, a partir de la siguiente convicción:

“Las «ideologías del mal» están profundamente ‘enraizadas’ en la historia del pensamiento «filosófico» europeo.”

1. El problema filosófico

El punto de partida del problema surgió como consecuencia de un cambio radical en la historia de la filosofía.

“Para esclarecer este problema, hay que remontarse al periodo anterior a la «Ilustración» y, específicamente, a la revolución que supuso el pensamiento de Descartes en la filosofía. El «cogilo, ergo sum» pienso, luego existo – comportaba una inversión en el modo de hacer filosofía.”

En efecto, ese fue el momento (siglo XVII) en el que la atención filosófica dejó de centrarse, siguiendo a Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, en el «objeto» del conocimiento, es decir, en la «realidad existencial» (esse), para centrarse en cambio, siguiendo a Descartes y sus sucesores Kant, Hegel, Husserl y otros, en el «sujeto» del conocer, es decir, en el «pensar».

A partir de Descartes, la filosofía se convierte en la ciencia del puro pensamiento: todo lo que existe – tanto el mundo creado como el Creador – permanece en el campo del pensamiento. La filosofía se ocupa de los seres en la medida en que son «contenidos de la conciencia» y no en cuanto existentes fuera de ella.”

2. El comienzo del ‘subjetivismo’

Esta perspectiva fue la que dio comienzo, durante la época de la llamada «Ilustración’ (siglo XVIII), al rompimiento con la tradición cristiana, al procurar entender y juzgar todo exclusivamente a la «luz de la razón», tal como lo entiende cada cual, y no al modo del catolicismo, que pasó a ser rechazado por ser considerado oscurantista y retrógrado. Siendo así, ya no existía mayor razón para considerar como tema de preocupación filosófica la posibilidad de que existiese un ser «inicial», como concluyó Aristóteles, y menos de un ser «Creador», como dedujo de él el cristianismo medieval.

“El Dios de la revelación dejaba de existir como el «Dios de los filósofos». Quedaba únicamente la «idea» de un Dios, como tema de una libre elaboración del pensamiento humano.

Esto es lo que se conoce como «subjetivismo», raíz del «relativismo» actual, conforme al que cada persona ‘crea‘ su propia idea de la verdad, incluida, por cierto, su verdad sobre la existencia Dios.

3. El hombre frente al bien y al mal

Así, pues, de esta forma, “la historia de la Salvación desapareció de la mentalidad ilustrada”, dejando al hombre como «creador de su propia historia».

“Lo dejó solo como quien decide por sí mismo lo que es bueno y lo que es malo, como quien existiría y continuaría actuando aunque Dios no existiera.

“Pero si el hombre por sí solo, sin Dios, puede decidir lo que es bueno y lo que es malo, también puede disponer que un determinado grupo de seres humanos sea aniquilado.”

Y éste fue, precisamente, el contexto en que los hombres del nazismo y del comunismo se sintieron libres de exterminar a millones de seres humanos, sin más razón que su voluntad de poner en práctica, por la fuerza, sus propias «ideologías».

4. Una nueva ‘ideología del mal’ en marcha

Caídos el nazismo y el comunismo, Juan Pablo II vuelve su atención a dos acontecimientos actuales que lo llevan concluir que estamos en presencia de una «nueva ideología del mal». Primero señala al «aborto» como el principal sistema actual de exterminio masivo de la vida humana, seguido, desde otro ángulo, del reconocimiento de las «uniones homosexuales», destacando el agravante de que ambos males procuran imponerse por medios democráticos. Y concluye:

“En este caso se debe plantear la presencia de «otra ideología del mal», tal vez más insidiosa y celada, que intenta instrumentalizar incluso los «derechos del hombre» contra el hombre y contra la familia.”

5. La proliferación del Ideologismo.

La «nueva ideología del mal» se caracteriza porque incluye varias sub-ideologías que actualmente disfrutan, por separado, de un amplio reconocimiento en todo el mundo: «derecho al aborto», «feminismo», «ideología de género», «homosexualidad», «educación sexual infantil», todas ellas fundadas en el rechazo “intelectual” de la «naturaleza humana”, lo que lleva al Papa a concluir:

“Si queremos hablar sensatamente del mal y del bien, hemos de volver a santo Tomás de Aquino, es decir, a la «filosofía del ser».

“Si no se parte de presupuestos «realistas» – como la realidad de la existencia humana como un ser creado, y también la realidad del Ser absoluto–, se acaba moviéndose en el vacío.

6. La «Anarquía» global

Queremos agregar aquí, como complemento de lo dicho, la preocupación de Juan Pablo II, en otros escritos, por el problema de la carencia de un marco jurídico y normativo internacional que guíe a los mercados financieros de acuerdo a códigos éticos de conducta

Es de toda evidencia que la «autonomía» alcanzada por la «globalización económica» – sin Autoridad, sin Ley y sin Ética –, corresponde a una estructura «anárquica», oculta bajo la apariencia de un «orden» financiero al servicio exclusivo del dinero y bajo el control absoluto de las «corporaciones multinacionales» y de la «banca internacional» .

Se debe tener claro que esto no es una amenaza, sino la existencia actual de una «ideología del mal», perfectamente definida en sus propósitos y metodologías, destinada a «eliminar» el sistema democrático estructurado a partir de las autonomías nacionales.

Juan Pablo II, ‘IDEOLOGIAS DEL MAL

 

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