La Tragedia del Humanismo Contemporáneo

“Al pensamiento moderno se le ha aplicado, y no sin razón, el rótulo de «babelismo»; y en verdad, nunca los espíritus de los hombres estuvieron tan profunda y cruelmente divididos como hoy. Las doctrinas y las creencias, las tradiciones espirituales y las escuelas de pensamiento entran en conflicto sin que les sea posible comprender siquiera los signos que las otras emplean para expresarse.” (J.Maritain)

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La ‘Inteligencia de la Fe’

“La fe católica ha alimentado durante dos mil años un flujo ininterrumpido de especulación racional y, para decirlo todo, de filosofía. La admiración surge ante la interminable alineación de doctores de todos los orígenes, en cierto modo alternándose a lo largo de los siglos para mantener intacta la enseñanza de un hombre que, durante tres años, predicó la doctrina de la salvación entre pobres y simples.” (E. Gilson)

 

Esto ha sido así porque la Iglesia – entendiendo la «fe» lo que se cree acerca de Dios conforme a la revelación divina, y como la predisposición natural del hombre a adherir libre y conscientemente a tal conocimiento divino – ha tenido plena conciencia de que tal «conocimiento» supone, necesariamente, la presencia del «intelecto» humano. Dicho de otra manera, el hombre puede recibir la fe, como un don de Dios, simplemente porque es un ser racional.

“Sin esta capacidad, el hombre no podría acoger la revelación de Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica, #36)

Y es precisamente debido a esta complementación de la fe y la razón que Juan Pablo II inicia su gran encíclica Fides et Ratio, de 1998, con las siguientes palabras:

La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad.”

Así, pues, el concepto de «inteligencia de la fe» se refiere precisamente a la unidad de la fe y la razón presente en la Iglesia durante toda su existencia.

El aporte de la razón

Naturalmente, el aporte de la «razón» al conocimiento de la fe no incluye el ‘dogma revelado’, sino que se limita al conocimiento que le es propio: el conocimiento de «lo que es y existe» en el orden terrenal. En esto podemos distinguir tres áreas perfectamente diferenciadas.

a) Por una parte, el «orden científico» ha demostrado tener una extraordinaria capacidad para avanzar en el conocimiento objetivo de los «fenómenos»  existentes en el universo físico. Pero, respecto de la fe, tiene un límite que no puede superar: no puede saber por qué algo es, o existe. Así, cuando procura establecer el origen de la expansión del universo, sólo puede encontrar una explosión inicial sin orden ni sentido: ¡¡big bang!!

b) En el «orden filosófico», en cambio, el conocimiento directo de la naturaleza cambiante de lo que es o existe, lleva al filósofo a preguntarse ¿cómo ha llegado a ser lo que es? Así fue, por ejemplo, como Aristóteles regresó por el camino de la «causalidad», buscando la causa de la causa… de la causa… de la causa…, hasta llegar a la certeza de una causa primera no causada, como «acto» inicial de todo lo existente. Así, la inteligibilidad del efecto conduce a la inteligibilidad del «por qué». 

c) Por último, en el «orden de la fe», es la perfección apreciable en el orden de lo que es y existe la que lleva a la razón a aceptar la existencia de la Perfección Absoluta.

“La Iglesia mantiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de la razón humana a partir de las cosas creadas.” (Catecismo, #36)

En esencia, éste es el mismo procedimiento de Aristóteles, transfigurado por Santo Tomás de Aquino en las «vías» que llevan al  Dios-Creador.

Aquí hay que insistir en que, con este método, la razón llega solamente a la certeza de la EXISTENCIA de un Ser Inicial, origen de todo lo existente. Esto no es propiamente religioso, sino una condición necesaria para el conocimiento religioso de Dios.

“Por la razón sabemos que Él es, pero no comprendemos lo que es. Donde termina la metafísica del hombre, allí comienza su religión.” (E. Gilson)

El desafío actual

Ahora bien, en la actualidad, la inteligencia de la fe se encuentra ante el desafío de la cultura contemporánea dominada por el relativismo filosófico, que se desentiende de la «verdad de lo que es y existe» para concentrarse exclusivamente en la «en lo que hay que hacer ahora». He aquí la palabra al respecto de San Juan Pablo II en ‘Fides et Ratio’.

“La cultura moderna ha cambiado el papel mismo de la filosofía. De sabiduría y saber universal, la ha ido reduciendo progresivamente a una de tantas parcelas del saber humano; más aún, en algunos aspectos la ha limitado a un papel del todo marginal. Mientras tanto, otras formas de racionalidad, en vez de tender a la contemplación de la verdad y a la búsqueda del fin último y del sentido de la vida, están orientadas como «razón instrumental» al servicio de fines utilitaristas, de placer o de poder.

“La relación actual entre la fe y la razón exige un atento esfuerzo de discernimiento, ya que tanto la fe como la razón se han empobrecido y debilitado una ante la otra. La razón, privada de la aportación de la Revelación, ha recorrido caminos secundarios que tienen el peligro de hacerle perder de vista su meta final. La fe, privada de la razón, ha subrayado el «sentimiento» y la «experiencia», corriendo el riesgo de dejar de ser una propuesta universal.

“No es inoportuna, por tanto, mi llamada fuerte e incisiva para que la fe y la filosofía recuperen la unidad profunda que las hace capaces de ser coherentes con su naturaleza en el respeto de la recíproca autonomía.”

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¿Y COMO REACCIONAMOS LOS CATOLICOS?.- Desgraciadamente, insensibles ante este dramático llamado del Papa, la inmensa mayoría de la intelectualidad católica, especialmente en el ámbito hispano-parlante – sacerdotes, académicos, políticos, profesionales, etc. –, no tienen conciencia de la gravedad del problema, sencillamente porque no tienen interés en el conocimiento filosófico. Esto ocurre no porque carezcan de la capacidad de alcanzar, al menos, un entendimiento suficiente de la significación e importancia del problema, sino porque de hecho están atrapados en el activismo político – que subordina la inteligencia a la praxis –, lo que equivale a decir que demasiados católicos se están transformando, consciente o inconscientemente, al interior de la Iglesia, en un «Caballo de Troya» al servicio de los enemigos de la fe. Realmente trágico.